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Y ellos te responderán: ¿Acaso no sabemos que en años abundantes se llenan de vino todos los vasos? 13 - Y tú entonces les dirás: Así habla el Señor: Pues mirad, yo llenaré de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra, y a los reyes de la estirpe de David, que están sentados sobre su solio, y a los sacerdotes y profetas, y a todos los moradores de Jerusalén ; 14 - y los desparramaré entre las naciones, dice el Señor, separando el hermano de su hermano, y los padres de sus hijos; no perdonaré, ni me aplacaré, ni me moveré a compasión para dejar de destruirlos. 15 - Oíd, pues, y escuchad con atención: No queráis ensoberbeceros confiando en vuestras fuerzas, porque el Señor es quien ha hablado. 16 - Al contrario, dad gloria al Señor Dios vuestro, arrepentíos antes que vengan las tinieblas de la tribulación, y antes que tropiecen vuestros pies en montes cubiertos de espesas nieblas; entonces esperaréis la luz, y la trocará el Señor en sombra de muerte y en oscuridad. 17 - Que si no obedeciereis en esto, llorará mi alma en secreto, al ver vuestra soberbia; llorará amargamente, y mis ojos derramarán arroyos de lágrimas, por haber sido cautivada la grey del Señor. 18 - Di al rey y a la reina: Humillaos, sentaos en el suelo, poneos de luto, porque se os cae ya de la cabeza la corona de vuestra gloria. 19 - Las ciudades del mediodía están cerradas, sin que haya un habitante que las abra; toda la tribu de Judá ha sido conducida fuera de su tierra y ha sido general la trasmigración. 20 - Levantad los ojos y mirad ¡oh vosotros que venís del lado del septentrión! ¿En dónde está, diréis a Jerusalén , aquella grey que se te encomendó, aquel tu esclarecido rebaño? 21 - ¿Qué dirás cuando Dios te llame a tomar cuentas puesto que tú amaestraste contra ti a los enemigos, y los instruiste para tu perdición. ¡Cómo no te han de asaltar dolores, semejantes a los de una mujer que está de parto! 22 - Que si dijeres en tu corazón: ¿Por qué me han acontecido a mí tales cosas? Sábete que por tus grandes vicios han quedado descubiertas tus vergüenzas, y manchadas tus plantas. 23 - Si el negro etíope puede cambiar su piel, o el leopardo sus varias manchas, podréis también vosotros obrar bien, después de avezados al mal. 24 - Y por eso, dice el Señor: Yo los desparramaré, como paja menuda que el viento arrebata al desierto. 25 - Tal es la suerte que te espera, ¡oh Jerusalén !, y la porción o paga que de mí recibirás, dice el Señor, por haberte olvidado de mí, apoyándote en la mentira. 26 - Por lo cual yo mismo manifesté tus deshonestidades delante de tu cara, y se hizo patente tu ignominia, 27 - tus adulterios, y tu furiosa concupiscencia, en fin, la impía fornicación o idolatría tuya. En el campo y sobre las colinas vi yo tus abominaciones. ¡Desdichada Jerusalén ! ¿Y aún no querrás purificarte siguiéndome a mí sin dudar? ¿Hasta cuándo aguardas para hacerlo?
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