Salmos


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Capítulo 118:
1 - Aleluya. ALEPH. Bienaventurados los que proceden sin mancilla, los que caminan según la ley del Señor.
2 - Bienaventurados los que examinan con cuidado los testimonios del Señor o su ley santa; los que de todo corazón le buscan.
3 - Porque los que cometen la maldad, no andan por los caminos del Señor.
4 - Tú ordenaste que se guarden exactamente tus mandamientos.
5 - Ojalá que sean enderezados mis pasos a observar tus justísimas leyes.
6 - Entonces no seré confundido, cuando tuviere fijos mis ojos en todos tus preceptos.
7 - Con sincero corazón te alabaré, porque aprendí los juicios o disposiciones de tu justicia.
8 - Observaré tus justos decretos; no me desampares jamás.
9 - Beth. ¿Cómo enmendará el tierno joven su conducta? Observando tus palabras o preceptos.
10 - Yo te he buscado con todo mi corazón; no me dejes desviar de tus mandamientos.
11 - Dentro de mi corazón deposité tus palabras, para no pecar contra ti.
12 - Bendito eres tú, ¡oh Señor! Enséñame tus justísimos preceptos.
13 - Han anunciado mis labios todos los oráculos que han salido de tu boca.
14 - Me he deleitado más que en todos los tesoros, en seguir el camino de tus preceptos.
15 - Yo contemplaré tus mandamientos, y consideraré tus leyes.
16 - Me deleitaré en tus preceptos, y no me olvidaré de tus palabras.
17 - Gimel. Concede esta gracia a tu siervo de que viva y guarde tus palabras.
18 - Quita el velo a mis ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley.
19 - Peregrino soy yo sobre la tierra; no me ocultes tus preceptos.
20 - Ardió mi alma en deseos de amar tu santa y justísima ley en todo tiempo.
21 - Tú aterraste a los soberbios; malditos aquellos que se desvían de tus mandamientos.
22 - Líbrame del oprobio y del desprecio; pues he guardado exactamente tus testimonios.
23 - Hasta los príncipes se pusieron muy de asiento a deliberar contra mí; mas tu siervo contempla tus justísimos mandamientos.
24 - Porque tus decretos son la materia de mi meditación, y tus justas leyes mi norte o consejo.
25 - Daleth. Pegada está contra el suelo mi alma; vuélveme la vida según tu palabra.
26 - Te expuse el estado de mi carrera y me atendiste; amaéstrame en tus justísimas disposiciones.
27 - Enséñame el camino de la santidad y justicia, y contemplaré tus maravillas.
28 - Se adormeció de tedio el alma mía; comunícame vigor con tus palabras.
29 - Aléjame de la senda de la iniquidad, y hazme la gracia de que viva según tu ley.
30 - He escogido el camino de la verdad; tengo siempre presentes tus juicios.
31 - Me he apoyado, Señor, en los testimonios de tu ley; no permitas que me vea confundido.
32 - Corrí gozoso por el camino de tus mandamientos, cuando tú ensanchaste mi corazón.
33 - He. Dame, ¡oh Señor!, por norma el camino de tus justísimos mandamientos, e iré siempre por él.
34 - Dame inteligencia, y estudiaré atentamente tu ley, y la observaré con todo mi corazón.
35 - Guíame por la senda de tus preceptos, pues ésa es la que deseo.
36 - Inclina mi corazón a tus testimonios, y no le dejes ir en pos de la codicia.
37 - Aparta mis ojos para que no miren la vanidad; haz que viva siguiendo tu camino o ley santa.
38 - Haz que tu siervo se afirme en tu palabra, por medio de tu santo temor.
39 - Aparta de mí el oprobio que yo he temido; pues tus juicios son tan amables.
40 - Mira cómo estoy enamorado de tus santos mandamientos: hazme vivir conforme a tu justicia.
41 - Vau. Y venga, ¡oh Señor!, sobre mí tu misericordia; venga a mí tu salvación, según tu promesa.
42 - Y daré por respuesta a los que me hieren que tengo puesta mi esperanza en tus promesas.
43 - Y nunca quites de mi boca la palabra de la verdad, ya que tanto he confiado en tus promesas.
44 - Con eso observaré siempre tu ley, para siempre y por los siglos de los siglos.
45 - Yo caminaré con libertad y sosiego, porque busqué tus mandamientos.
46 - Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes, y no me avergonzaré de ellos.
47 - Y me recrearé en tus preceptos, objeto de mi amor.
48 - Y alzaré mis manos hacia tus mandamientos, que he amado siempre; y meditaré tus justas disposiciones.
49 - Zain. Acuérdate de la promesa que hiciste a tu siervo, con que me diste esperanza.
50 - Ella me consoló en medio de mi humillación; y tu palabra me dio la vida.
51 - Los soberbios me escarnecían hasta el extremo; pero yo no por eso me separé de tu ley.
52 - Me acordé, ¡oh Señor! de tus eternos juicios, y quedé consolado.
53 - Desmayé de dolor, por causa de los pecadores que abandonaron tu ley.
54 - En el lugar de mi destierro eran tus justísimos mandamientos el asunto de mis cánticos.
55 - Durante la noche me acordaba de invocar tu Nombre, oh Señor; y así guardaba exactamente tu ley.
56 - Esto pasó en mí, porque yo procuraba observar bien tus justísimos decretos.
57 - Heth. Yo dije: ¡Oh Señor!, mi porción de herencia es el guardar tu santa ley.
58 - Tu favor he implorado de todo mi corazón; apiádate de mí, según tu promesa.
59 - He examinado mi vida, y enderezado mis pasos a la observancia de tus mandamientos.
60 - Resuelto estoy, y nadie me arredrará de cumplir tus preceptos.
61 - Los lazos de los pecadores me rodean por todas partes; mas yo no me olvido de tu ley.
62 - A medianoche me levantaba a tributarte gracias por tus juicios llenos de justicia.
63 - Yo entro a la parte, o tengo sociedad con todos los que te temen y observan tus mandamientos.
64 - Llena está la tierra, ¡oh Señor!, de tu piedad. Amaéstrame en tus justísimos preceptos.
65 - Teth. Has usado de bondad, oh Señor, con tu siervo, según tu promesa.
66 - Enséñame la bondad, la doctrina y la sabiduría; pues he creído tus preceptos.
67 - Antes de ser yo humillado, pequé; mas ahora obedezco ya tu palabra.
68 - Eres ¡oh Señor!, infinitamente bueno; instrúyeme, pues, por tu bondad, en tus justísimas disposiciones.
69 - Los soberbios han forjado mil calumnias contra mí; pero yo con todo mi corazón guardaré tus mandamientos.
70 - Se engrasó su corazón como sebo o leche cuajada; mas yo me ocupo en meditar tu santa ley.
71 - Bien me está que me hayas humillado; para que así aprenda tus justísimos preceptos.
72 - Mejor es para mí la ley que salió de tu boca, que millones de oro y plata.
73 - Jod. Tus manos, Señor, me hicieron, y me formaron; dame el don de entendimiento, y aprenderé tus mandamientos.
74 - Me verán los que te temen, y se llenarán de gozo, porque puse toda mi esperanza en tus palabras.
75 - He conocido, Señor, que tus juicios son justísimos; y conforme a tu verdad me has humillado.
76 - Venga, pues, la misericordia tuya a consolarme, según la palabra que diste a tu siervo.
77 - Venga sobre mí tu piedad, y viviré, puesto que tu ley es mi dulce meditación.
78 - Confundidos sean los soberbios, por los inicuos atentados que han cometido contra mí; entretanto yo meditaré tus mandamientos.
79 - Que se reúnan conmigo los que temen, y los que conocen tus sagrados testimonios.
80 - Haz que mi corazón se conserve puro en la práctica de tus mandamientos, para que yo no quede confundido.
81 - Caph. Desfallece mi alma, suspirando por la salud que de ti viene; mas yo siempre he esperado firmemente en tu palabra.
82 - Desfallecieron mis ojos de tanto esperar tu promesa. ¿Cuándo será, Señor, decía yo, que me consolarás?
83 - Porque me he quedado seco y árido, como un odre expuesto a la escarcha; mas con todo, no me he olvidado de tus justísimos preceptos.
84 - ¡Oh Señor! ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás justicia de mis perseguidores?
85 - Me contaron los impíos mil fábulas y fruslerías, ¡cuán diferente es todo esto de tu santa ley!
86 - Todos tus preceptos son la verdad pura. Me han perseguido injustamente, socórreme tú ¡oh Señor!
87 - Poco faltó que no dieran conmigo en tierra; pero yo no dejé jamás tus preceptos.
88 - Vivifícame, ¡oh Señor!, según tu misericordia; y observaré los mandamientos salidos de tu divina boca.
89 - Lamed. Eternamente, ¡oh Señor!, permanece en los cielos tu palabra.
90 - Tu verdad durará de generación en generación. Tú fundaste la tierra, y ella subsiste.
91 - En virtud de tu ordenación continúa el curso de los días, pues todas las cosas te sirven.
92 - A no haber sido tu ley el objeto de mi meditación, hubiera sin duda perecido en mi angustia.
93 - Nunca jamás olvidaré tus justísimas instituciones; pues me diste en ellas la vida.
94 - Tuyo soy yo, Señor, sálvame, pues he investigado con ansia tus mandamientos.
95 - Estuvieron los pecadores a la mira de mí para perderme; yo me dediqué entonces a estudiar tus divinos oráculos.
96 - Tengo visto el fin de lo más perfecto y cumplido, sólo tu ley no tiene ningún término ni medida.
97 - Mem. ¡Cuán amable me es tu ley!, ¡oh Señor! todo el día es materia de mi meditación.
98 - Con tu mandamiento o ley divina me hiciste superior en prudencia a mis enemigos; porque le tengo permanentemente ante mis ojos.
99 - He comprendido yo más que todos mis maestros, porque tus mandamientos son mi meditación continua.
100 - Alcancé más que los ancianos, porque he ido investigando tus preceptos.
101 - Desvié mis pies de todo mal camino, para obedecer tus palabras.
102 - De tus estatutos no me he desviado, porque tú me lo prescribiste por ley.
103 - ¡Oh cuán dulces son a mi paladar tus palabras!; más que la miel a mi boca.
104 - De tus mandamientos saqué gran caudal de ciencia; por eso aborrezco toda senda de iniquidad.
105 - Nun. Antorcha para mis pies es tu palabra; y luz para mis sendas.
106 - Juré, y ratifiqué el observar tus justísimos decretos.
107 - He sido abatido, Señor, en gran manera: vivifícame según tu promesa.
108 - Recibe, ¡oh Señor!, con agrado los espontáneos sacrificios de alabanza que te ofrecen mis labios; enséñame tus juicios.
109 - Tengo siempre mi alma en la mano, o en un hilo; pero yo no me olvidé de tu ley.
110 - Me tendieron los lazos los pecadores; pero yo no salí del camino de tus mandamien-tos.
111 - He adquirido los testimonios de tu ley, para que sean eternamente mi patrimonio; pues son ellos la alegría de mi corazón.
112 - Incliné mi corazón a la práctica perpetua de tus justísimos mandamientos, por la esperanza del galardón.
113 - Samech. Aborrecí los impíos; y amé tu santa ley.
114 - Tú eres, Señor, mi auxilio y amparo, y en tu palabra tengo puesta toda mi esperanza.
115 - Retiraos de mí, malignos; yo me ocuparé en estudiar los mandamientos de mi Dios.
116 - Acógeme Señor, según tu promesa, y haz que yo viva, y no permitas que quede burlada mi esperanza.
117 - Ayúdame, y seré salvo, y meditaré continuamente tus justos decretos.
118 - Miraste con desprecio a todos aquellos que se desvían de tus preceptos; porque injusto es su modo de pensar.
119 - He considerado prevaricadores a todos los pecadores de la tierra; por eso amé tus testimonios.
120 - Traspasa con tu santo temor mis carnes, pues tus juicios me han llenado de espanto.
121 - Ain. He ejercido la rectitud y la justicia; no me abandones en poder de mis calumniadores.
122 - Da la mano a tu siervo para obrar el bien; no me opriman con calumnias los soberbios.
123 - Desfallecieron mis ojos, esperando me viniera de ti la salvación, y el cumplimiento de tu palabra.
124 - Trata a tu siervo conforme a tu misericordia, y enséñame tus justísimos decretos.
125 - Siervo tuyo soy yo; dame inteligencia para que comprenda tus preceptos.
126 - Tiempo es, oh Señor, de obrar con rigor; los soberbios han echado por el suelo su ley.
127 - Por lo mismo he amado tus mandamientos más que el oro y los topacios.
128 - Por eso me encaminé por la senda de todos tus preceptos, y he detestado todos los caminos de la iniquidad.
129 - Phe. Admirables son tus testimonios: por eso los ha observado exactamente mi alma.
130 - La explicación de tus palabras ilumina y da inteligencia a los pequeños.
131 - Abrí mi boca, y respiré; porque estaba anhelando tus mandamientos.
132 - Vuelve hacia mí tus ojos, y mírame con piedad, según sueles hacerlo con los que aman tu Nombre.
133 - Endereza mis pasos según la norma de tus palabras, y haz que no reine en mí injusticia alguna.
134 - Líbrame de las calumnias de los hombres, para que yo cumpla tus mandamientos.
135 - Haz brillar sobre tu siervo la luz de tu divino rostro; y enséñame tus justísimos decretos.
136 - Arroyos de lágrimas han derramado mis ojos, por no haber observado tu santa ley.
137 - Sade. Justo eres, oh Señor, y rectos son tus juicios.
138 - Recomendaste estrechamente la observancia de tus preceptos, que son la misma justicia y verdad.
139 - Mi celo me ha hecho consumir de dolor, porque mis enemigos se han olvidado de tus palabras.
140 - Acendrada en extremo es tu palabra, y está tu siervo enamorado de ella.
141 - Pequeño soy yo, y de poca estima; mas no he puesto en olvido tus justísimos oráculos.
142 - Tu justicia es eterna justicia, y tu ley la verdad misma.
143 - Me sorprendieron las tribulaciones y angustias; tus mandamientos son mi dulce meditación.
144 - Llenos están de eterna justicia los testimonios de tu ley; dame la inteligencia de ellos, y tendré vida.
145 - Coph. Clamé de todo mi corazón: Escúchame, ¡oh Señor!, y haz que yo vaya en pos de tus justísimos preceptos.
146 - A ti clamé diciendo: Sálvame de la tentación, para que yo observe tus mandamientos.
147 - Me anticipé y clamé muy de mañana, porque esperé firmemente tus palabras.
148 - Antes de amanecer se dirigieron hacia ti mis ojos para meditar tu ley.
149 - Escucha, Señor mi voz según tu misericordia, y vivifícame conforme lo has prometido.
150 - Se arrimaron a la iniquidad mis perseguidores, y se alejaron de tu ley.
151 - Cerca estás de mí, ¡oh Señor!, y todos tus caminos son la verdad misma.
152 - Desde el principio conocí que has establecido tus preceptos para que subsistan eternamente.
153 - Res. Mira, Señor, mi abatimiento, y líbrame; pues no me he olvidado de tu ley.
154 - Sentencia tú mi causa, y libértame; por respeto a tu palabra vuélveme la vida.
155 - Lejos está de los pecadores la salvación; porque no han cuidado de obedecer tus justísimos preceptos.
156 - Tu misericordia, Señor, es mucha; vivifícame según tu promesa.
157 - Muchos son los que me persiguen y atribulan; pero yo no me he desviado de tus mandamientos.
158 - Los veía prevaricar, y me consumía de dolor al ver que no hacían caso de tus palabras.
159 - Mira, ¡oh Señor!, cuánto he amado tus mandamientos; por tu misericordia otórgame la vida.
160 - El principio o suma de tus palabras es la verdad; eternas son todas las disposiciones o promesas de tu justicia.
161 - Sin. Sin causa alguna me han perseguido los príncipes; mas mi corazón ha temido siempre tus palabras.
162 - Me alegraré en tus promesas; como quien halla ricos despojos.
163 - Aborrecí la injusticia, la detesté; y he amado tu santa ley.
164 - Siete veces al día te tributé alabanzas por los oráculos de tu justicia.
165 - Gozan de suma paz los amadores de tu ley, sin que hallen tropiezo alguno.
166 - Yo esperaba, Señor, la salud que de ti viene; y entretanto amaba tus mandamientos.
167 - Mi alma ha guardado tus preceptos, y los ha amado ardientemente.
168 - He observado tus mandamientos y sagrados testimonios; porque sabía que todas mis acciones están presentes a tus ojos.
169 - Tau. Lleguen, ¡oh Señor!, a tu presencia mis plegarias: conforme a tu promesa dame el don de entendimiento.
170 - Penetren mis ruegos hasta llegar ante tu acatamiento; líbrame del mal según tu palabra.
171 - Rebosarán mis labios en himnos de alabanza, cuando tú me hayas enseñado tus justísimos oráculos.
172 - Mi lengua anunciará tu palabra; porque todos tus preceptos son la misma equidad.
173 - Extiende tu mano para salvarme; pues yo he preferido a todo tus mandamientos.
174 - ¡Oh Señor! ardientemente he deseado la salud que de ti viene, y tu ley es el objeto continuo de mi meditación.
175 - Vivirá mi alma, y te alabará; y tus juicios serán mi apoyo y defensa.
176 - He andado errante como una oveja descarriada: ven a buscar a tu siervo, porque no me he olvidado, ¡oh Señor!, de tus mandamientos.