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Esto dice el Señor Dios: Toma una olla o caldera, tómala, te digo yo, y echa agua en ella. 4 - Mete dentro pedazos de carne, todos escogidos, pierna y espalda, las partes mejores y donde están los huesos. 5 - Toma la res más gorda, y pon además un montón de huesos debajo de la olla, haz que hierva a borbollones, y se cuezan también los huesos que hay dentro de ella. 6 - Pues esto dice el Señor Dios: ¡Ay de la ciudad sanguinaria!, olla que está toda llena de sarro, sin que el sarro se haya quitado de ella, saca fuera la carne de porción en porción; no se dé lugar a la suerte. 7 - Porque en medio de ella está la sangre inocente que ha derramado; sobre muy limpias piedras la derramó; no la derramó sobre la tierra, de modo que se pueda cubrir con el polvo. 8 - Para hacer caer yo sobre ella la indignación mía y tomar venganza de ella, derramaré también su sangre sobre limpísimas piedras, a fin de que quede manifiesta. 9 - Por tanto, esto dice el Señor Dios: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, a la cual convertiré yo en una gran hoguera! 10 - Amontona huesos, que yo les daré fuego, se consumirán las carnes, y se deshará todo cuanto contiene la olla, y los huesos se disolverán. 11 - Después de esto pondrás sobre las brasas la olla vacía, para que se caldee y se derrita su cobre; con lo cual deshaga dentro de ella su inmundicia y quede consumido su sarro. 12 - Se ha trabajado con afán; pero no se ha podido quitar su mucho sarro, ni aun a fuerza del fuego. 13 - Digna de execración es tu inmundicia pues yo te he querido limpiar de tu porquería, y tú no te has limpiado, ni te limpiarás hasta cuando que yo haya desfogado en ti la indignación mía. 14 - Yo el Señor he hablado: Vendrá el tiempo y lo ejecutaré; no volverá atrás mi palabra, ni perdonaré, ni me aplacaré, según tus caminos y tus procederes te juzgaré yo, dice el Señor. 15 - Me habló de nuevo el Señor, diciendo: 16 - Hijo de hombre: Mira, yo voy a quitarte de golpe lo que más agradable es a tus ojos; pero no te lamentes, ni llores, ni dejes correr tus lágrimas. 17 - Gemirás en secreto, no harás el duelo que se acostumbra por los muertos; no te quitarás la tiara, o turbante, ni el calzado de tus pies; no te cubrirás el rostro con velo, ni usarás de los manjares propios del tiempo de luto. 18 - Esto refería yo al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente me porté como el Señor me había mandado. 19 - Y me dijo el pueblo: ¿Por qué no nos explicas qué significan estas cosas que haces? 20 - Y les respondí: El Señor me ha hablado, diciendo: 21 - Di a la casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: He aquí que yo profanaré mi santuario, que es la gloria de vuestro reino y lo más amable a vuestros ojos, y que causa más ansiedad a vuestra alma; y los hijos y las hijas que habéis dejado, perecerán al filo de la espada. 22 - Y tendréis que hacer lo que yo he hecho, pues no os cubriréis el rostro con velo, ni os alimentaréis con las viandas que usan los que están de luto. 23 - Tendréis la corona o turbante en vuestra cabeza, y calzados estarán vuestros pies; no os lamentaréis, ni lloraréis; sino que os consumiréis en vuestras maldades, y gemiréis, mirándoos atónitos uno a otro. 24 - Y Ezequiel será un modelo para vosotros, lo mismo que él ha practicado en la muerte de su esposa, practicaréis vosotros cuando llegaren estos sucesos; y conoceréis entonces que yo soy el Señor Dios. 25 - Y tú, ¡oh hijo de hombre!, mira que en el día en que yo les quitaré lo que les hace fuertes, aquello que es su consolación y su gloria, que más aman sus ojos, y en que su corazón tiene puesta su confianza, y les quitaré sus hijos e hijas; 26 - en aquel día, cuando el que escapare de Jerusalén , llege a ti y te de la noticia de su rui-na; 27 - en aquel día, repito, tú hablarás al que haya escapado, y hablarás con toda libertad, y no guardarás más silencio; y habrás sido una señal o vaticinio para ellos, y vosotros conoceréis que yo soy el Señor.
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